Casa Mira endulza la Navidad con tradición artesanal.

Con la Navidad a la vuelta de la esquina, los madrileños ya comienzan a pensar en los dulces que endulzarán las fiestas: polvorones, mazapanes y, por supuesto, el turrón. En la capital, los establecimientos más tradicionales se preparan para satisfacer la demanda de aquellos que buscan los sabores más exquisitos para sus seres queridos.

En Casa Mira, un referente de la repostería navideña con seis generaciones a sus espaldas, el ritmo de trabajo es frenético desde septiembre. Daniel, uno de los maestros turroneros, explica que cada día se adelanta más en la producción debido a la alta demanda. En este momento, están realizando dos cocidas por día, llegando incluso a cinco cocidas diarias a partir de noviembre. Carlos, al frente de la última generación, destaca que los pilares de Casa Mira son el turrón blando de Jijona y el turrón duro de Alicante, asegurando que para diciembre todo debe estar listo y preparado.

La materia prima es clave en la elaboración de estos deliciosos dulces. Carlos menciona que consumen alrededor de 7.000 a 8.000 kilos de almendra marcona al año, destacando que todo el proceso se realiza de forma artesanal y a mano, siguiendo las mismas técnicas de antaño. En el obrador, Daniel nos muestra los pasos para hacer el turrón de Alicante, comenzando con la cocción de la miel hasta su punto exacto y luego agregando la clara de huevo para darle el color blanco característico a la masa.

Después de tostar la almendra, se mezcla con la masa caliente y la velocidad es esencial en este proceso. Una vez que la mezcla está lista, se extiende en planchas para dar forma a las tabletas tradicionales. El meticuloso trabajo manual es fundamental en Casa Mira, donde cada dulce se pesa individualmente, se coloca en cajitas con su fecha de caducidad y se envasa cuidadosamente.

Además del turrón, la tradición también se mantiene con otros dulces como los polvorones, que también se envuelven a mano en grandes cantidades. Casa Mira se destaca en un mundo dominado por la producción industrial, manteniéndose como un bastión de la artesanía dulcera. Para los madrileños, el sabor de Casa Mira se convierte en el auténtico sabor de la Navidad, recordándonos que, como dicen, una vez al año, no hace daño.
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