Las calles de Tielmes se han convertido en un museo viviente de la tradición belenística con la celebración de la VIII edición de su Concurso de Belenes. Esta iniciativa busca promover y mantener viva la costumbre de montar el Nacimiento en los hogares durante la Navidad. Con reglas que fomentan la creatividad, como la aceptación de belenes de cualquier tamaño, material y con componentes eléctricos, la competición ha dado lugar a escenas llenas de cariño, historia e ingenio.
El recorrido por los belenes participantes es un viaje por la esencia de la comunidad. La primera parada obligatoria es la Parroquia Santos Niños Justo y Pastor, donde un grupo de nueve amigos expone una obra monumental. En este contexto, se destaca el gran belén de la Catedral de la Almudena, que se prepara para su inauguración en Nochebuena.
Los participantes en este concurso ponen todo su empeño en la construcción de los belenes, como lo demuestran Clarisa, miembro de un colectivo que ha trabajado meticulosamente en su belén desde 2018. Otro ejemplo es la Residencia La Solana, que ofrece uno de los belenes más emotivos confeccionado íntegramente por sus residentes.
Además, el belén de la parroquia San Salvador de Leganés, con 14 años de tradición y paciencia artesanal, es otro punto destacado. Este belén se destaca por el detalle y el cuidado con el que ha sido elaborado, creando una representación muy especial.
Para teñir las calles de espíritu navideño, también se celebra el VI Concurso de Decoración Navideña de fachadas, balcones y patios, con el objetivo de crear un ambiente festivo colectivo. Vecinos como Ángel participan con entusiasmo en ambas categorías, llenando su hogar de decoración artesanal.
El desenlace de este concurso está previsto para el 27 de diciembre a las 15.00 horas, durante un concurso de gachas. Los ganadores del mejor belén y de la mejor fachada recibirán un surtido de productos y un diploma, pero el verdadero premio es la perpetuación de una ilusión que se construye minuciosamente con las manos y el corazón, como lo demuestran las historias de Clarisa, los residentes de La Solana y Edu.
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