La celebración de San Blas con Los Perreros en Miraflores revive con el estruendo bicentenario.

El eco metálico y ancestral de los cencerros ha vuelto a resonar por las calles empedradas de Miraflores de la Sierra, marcando una vez más la celebración de la festividad de San Blas. En esta ocasión, los vecinos de todas las edades se unieron para conmemorar los más de doscientos años de historia de Los Perreros, una tradición única que combina devoción, folclore y una astucia histórica que, según la leyenda, salvó al pueblo de la invasión napoleónica.

La jornada festiva comenzó con el desfile de Los Perreros, luciendo sus característicos atuendos adornados con pendientes, joyas y cinturones repletos de pesados cencerros. La historia de Los Perreros se remonta a la época de los franceses, cuando, según relatan los lugareños, simularon una estampida de ganado para ahuyentar a los invasores y despojarlos de sus joyas.

Durante la ocupación francesa, los mirafloreños, equipados con cencerros, lograron engañar a los soldados napoleónicos haciéndoles creer que una manada de reses bravas se acercaba, lo que provocó una rápida retirada de los invasores. Tras recorrer el pueblo con su cencerrada matutina, Los Perreros entraron en la iglesia para rendir homenaje a San Blas, dando paso a la siguiente tradición del día: la vaquilla de trapo.

Este peculiar personaje, una representación de una vaca confeccionada con madera y telas, apareció en la plaza para interactuar con Los Perreros y el público, en una escena cargada de simbolismo. Tras la simbólica «muerte» de la vaquilla de trapo, los asistentes compartieron limonada, que representa la sangre y la muerte del animal, marcando así el final de una jornada repleta de celebración y tradición en Miraflores de la Sierra.
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