Con la llegada del calor y las altas temperaturas, la piscina municipal de Orcasitas se convierte en uno de los refugios favoritos de los madrileños. Hasta 12.000 personas pasan cada día por estas instalaciones para disfrutar de una jornada de baño, sol y ocio. Sin embargo, detrás de cada chapuzón existe un complejo sistema de depuración y mantenimiento que permanece oculto bajo el agua.
Aunque para los usuarios la experiencia se limita a extender la toalla, ponerse el bañador y disfrutar de la piscina, bajo el recinto funciona una auténtica maquinaria diseñada para garantizar que el agua se mantenga limpia y en perfectas condiciones sanitarias. José, técnico de mantenimiento de las instalaciones, explica que todo comienza con el agua que rebosa del vaso principal de la piscina. «Lo que sale, lo que desborda de la piscina, cae aquí y a partir de aquí iniciamos el proceso de depuración», señala mientras muestra el denominado vaso de compensación, una estructura fundamental en el circuito.
A través de una red de tuberías, el agua llega hasta este depósito, desde donde unas bombas la impulsan para comenzar su proceso de limpieza. Antes de llegar a los filtros, el agua atraviesa unos prefiltros donde se acumula buena parte de la suciedad más visible. Una vez eliminadas estas partículas, el agua pasa a los grandes filtros, unos depósitos de color rojo que contienen arena especial. El agua entra por la parte superior y atraviesa las distintas capas de arena, que retienen la suciedad más fina. Tras completar el proceso de filtrado, el agua limpia regresa nuevamente a la piscina mediante un sistema de tuberías subterráneas.
Pero la limpieza mecánica no es suficiente. El sistema incorpora además un proceso de desinfección mediante cloro. El producto se almacena en depósitos específicos y, a través de pequeñas bombas dosificadoras, se inyecta de manera controlada en el circuito de agua antes de que regrese a la piscina. Todo este engranaje trabaja de forma continua durante la jornada para garantizar la calidad del agua que utilizan miles de usuarios cada día. Un sistema invisible para la mayoría de los bañistas, pero imprescindible para que las piscinas municipales funcionen con todas las garantías sanitarias durante la temporada estival.
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