El pasado martes se conmemoraron 140 años desde que un devastador tornado azotó varias zonas del centro de Madrid, dejando un rastro de destrucción a su paso. Este fenómeno, catalogado como uno de los más intensos registrados en España, sigue siendo un tema de interés para los expertos en meteorología.
Según la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el tornado de 1886 en Madrid tuvo un inicio en Carabanchel Alto y recorrió entre 12 y 18 kilómetros hacia el nordeste, con una anchura máxima de 1 kilómetro. Aunque estos eventos son considerados como locales, el impacto del tornado de Madrid fue significativo debido a su intensidad.
Expertos como José Ángel Núñez señalan que, a pesar de que los tornados no son muy frecuentes en España, se registran varios cada año, principalmente de pequeñas dimensiones y en diferentes estaciones. En el caso de la costa mediterránea, son más comunes en otoño o finales del verano, mientras que en el litoral Atlántico y zonas llanas adyacentes, la frecuencia aumenta durante los meses más fríos.
En contraste, en las zonas interiores de la Península Ibérica, los tornados son menos frecuentes pero pueden ser más intensos, especialmente al final de la primavera y en verano, cuando se dan condiciones de fuerte inestabilidad térmica y cizalladura. Estas condiciones climáticas pueden generar cambios bruscos en la intensidad y dirección del viento, como se observó en el tornado de 1886.
¿Existe la posibilidad de que un evento similar vuelva a ocurrir? Según Núñez, los tornados extremos como el de 1886 tienen periodos de recurrencia de varias décadas, lo que hace poco probable que se repitan con la misma intensidad en el futuro. Sin embargo, no se descarta la posibilidad de que eventos de esta magnitud puedan volver a suceder.
El 12 de mayo de 1886, el tornado en Madrid causó decenas de muertes, más de un centenar de heridos y daños materiales significativos. Aunque no se ha determinado con exactitud el número de fallecidos, estudios indican que cerca de medio centenar de personas perdieron la vida a causa del tornado. Los daños en edificaciones como el Casón del Buen Retiro y el Real Jardín Botánico evidenciaron la fuerza destructiva de este fenómeno natural.
La detección y medición de tornados en 1886 era extremadamente complicada debido a la falta de tecnología y redes de observación. A pesar de ello, los avances en la Escala Fujita Realzada han permitido estimar la intensidad de tornados históricos, como el de Madrid, clasificándolo probablemente como un EF3, con ráfagas de viento que oscilaron entre 219 y 266 km/h.
En resumen, los tornados como el de 1886 en Madrid, aunque poco frecuentes, pueden tener un impacto devastador en las zonas afectadas. A medida que la tecnología avanza, se espera poder prevenir y mitigar los efectos de estos fenómenos naturales, que pueden pasar desapercibidos en áreas menos pobladas como el Maestrazgo turolense.
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